Afterlife

Por algún motivo el más sorprendido de su propia muerte era Rodrigo mismo. Ni los recuerdo más nítidos de haber presenciado (y sentido)  la muerte física lograban convencerlo de que había ocurrido. Había sido hasta normal, como quien recuerda haber comprado un helado o una casa, o quizás un poco más traumático, como un desalojo.

Cualquier intento de preparación habría sido inútil para entender la verdad que halló tras el suspiro que supuso el fin de sus días. No importaba ninguna serie de eventos o los recuerdos que componían lo que fue su vida.

Sólo quedaba el olvido profundo de la eterna nada.

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